sábado, 26 de mayo de 2012

El lápiz confundido: exámenes de ingreso a la Educación Superior en Cuba



Enrique Pérez Fumero
enriquep@rect.uo.edu.cu

El pasado viernes 11 de mayo tuvo lugar en Cuba, el examen de Español Literatura para los estudiantes de duodécimo grado que aspiran a una plaza en las aulas de la Universidad y en consecuencia, graduarse de la especialidad escogida. Me refiero a este ejercicio académico, porque tuve la oportunidad de participar en el dictado y además, de constituir miembro del jurado que evaluó los aspirantes.

Sin tener una experiencia previa en la técnica del dictado, tomé el documento en mis manos y lo estudié a profundidad. Al tiempo de leerlo varias veces, marqué los fonemas de difícil pronunciación, los grupos rítmicos que no podía partir, más las cadencias, semi cadencias y pausas necesarias para que el texto fuera entendido. Llegado el momento, hice el dictado en voz alta y al pasar por entre los educandos pude percibir que algunos no tenían la competencia adquirida: se quedaban atrás por escribir demasiado lento, cambiaban términos y añadían neologismos y ni hablar de las faltas de ortografía.

La percepción inicial quedó corroborada, cuando comenzaron las revisiones de los exámenes: los errores eran más frecuentes y la cantidad de estudiantes que los cometían iban en ascenso. ¡Había un desconocimiento parcial de lo que se demandaba en la prueba y lo que estaba en juego a partir de los resultados! Sin embargo, no basta con referirse a los estudiantes, si antes no se analiza pedagógica, científica y culturalmente, la concepción de las pruebas.

Un examen de ingreso a la Educación Superior se caracteriza por su rigor. Los estudiantes deben demostrar las competencias y conocimientos adquiridos en tres años que dura la Enseñanza Media y además, el estudiante debe ser capaz de sobresalir porque también se trata de una competencia por alcanzar mayores notas y mejores puestos.

El examen de Español Literatura, en revancha, carecía de lógica. La pregunta III de redacción —que fue la que pude revisar—, demandaba al estudiante la narración y caracterización de un objeto preciado para él o su familia en más de dos párrafos. En más del 50 % de las pruebas que revisé no se cumplía esta simple orden o por el contrario, se mal interpretaba. Hubo quien refirió el objeto más preciado a su perra, el garaje, sus padres o él mismo dentro de la casa, de modo que era imposible darle alguna calificación. ¡Pero si se analiza la clave de evaluación, también hay incorrecciones! Por ajustarse al tema —escribir sobre el objeto— el estudiante obtenía 6 puntos; por mencionar y caracterizar el objeto, 4; y por escribir más de un párrafo, se obtenían 2 puntos más, para hacer un total de 12. Los 8 restantes que completaban los 20 puntos de la pregunta, se ganaban por la ortografía y la morfosintaxis.

¿Cómo es posible que ésta sea la distribución? ¿Cómo se puede exigir madurez psicológica y vocabulario para entrar a la Universidad, cuando piden comentar sobre un objeto preciado? ¿Qué representación social tienen los jóvenes cubanos nacidos después de los años 90, sobre un objeto preciado o significativo? ¿En qué condiciones se desarrolla la vida actual de los jóvenes cubanos? ¿Qué socialización política tienen los adolescentes y jóvenes? ¿Cuáles son sus hábitos de consumo cultural?

Un buen porciento de aspirantes habló sobre el televisor como el objeto más preciado de la casa y esto causó risa a algunos. ¡El fenómeno no es risible, sino preocupante!

Recuerdo que mi niñez pasó con el sueño de tener en la casa un televisor ruso en blanco y negro para ver los dibujos animados rusos: Lolek y Volek, el cartero Fogón, la liebre y la zorra. La generación que nació después de los años 90 se le conoce en el primer mundo con el nombre de tecnológica o zapping, por la relación directa que tiene con la cultura de la pantalla, y los cubanos tampoco escapan a ese fenómeno. En consecuencia, un televisor más el DVD o la computadora, son las representaciones sociales que tienen los adolescentes y jóvenes de los objetos más preciados que hay en sus casas y además, esos equipos determinan sus consumos culturales.

Rectorado de la Universidad de Oriente

El examen de ingreso a la Educación Superior determina quién o quiénes son capaces de alcanzar una carrera y terminarla, sin embargo, hay que ser justos entre ambos lados. Si bien la prueba aplicada puede ser objeto de discusiones y reformulaciones, los estudiantes deben asumir la preparación con seriedad porque su vida profesional futura está en juego. El dominio de la lengua española no sólo determina quién habla mejor o peor, sino que representa una credencial de la enseñanza y la cultura adquiridas por los estudiantes.

La frase aquella el futuro está en las manos de los jóvenes, parece un eufemismo, dadas las condiciones naturales de la vida. Los jóvenes son dueños de su presente y lo que sean capaces de hacer ahora, estará en correspondencia con lo promisorio que pueden ser o no los años posteriores. El tiempo demostrará quién tenía la razón.

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