sábado, 19 de mayo de 2012

Quiero aprender a morir todos los días como tú

Enrique P. Fumero en Tele Turquino


Enrique Pérez Fumero
enriquep@rect.uo.edu.cu


«En la cruz murió el hombre un día: pero se ha de aprender a morir en la cruz todos los días. Martí no se cansa, ni habla. ¿Con que ya le queda una guía para ordenar mis papeles?»

El 19 de mayo nace una rosa blanca para un amigo sincero. Al cumplirse 117 años de la caída en combate de José Martí, su impronta renace en cada uno de los cubanos que han intentado morir todos los días, como él lo hizo en su tiempo. Su mirada se vuelve futurista; su pensamiento, una universidad hermenéutica donde se obtienen las armas de las ideas; con ellas los hombres pueden ir a la batalla para exigir lo esencial del hombre. En sus cartas están sus frases de despedida: el respeto por los amigos, el cariño que sintió por personas especiales, algunas órdenes para saber qué hacer con sus bienes literarios —en caso de encontrar la muerte—, el amor a la madre y la pena por un reyecillo secuestrado.

Muchos años nos separan de aquella decisión de regresar a Cuba con el remo de proa, y de la tergiversada reunión en La Mejorana; dicen que los sentimientos guardados pudieron más que la razón. «Ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país, y por mi deber (…) Me conoce. En mí, sólo defenderé lo que tengo yo por garantía o servicio de la revolución.» Por eso mandó ensillar el caballo y vestido como hidalgo, penetró finalmente en la casa del alibi. Un editorial de la Revista Orígenes, de enero de 1953 nos revela otro secreto: Et caro nova fiet in die irae. Tomará nueva carne cuando llegue el día de la desesperación y de la justa pobreza.

¿Por qué resulta tan complejo aquilatar al verdadero hombre? ¿Cuántos misterios nos separan y cuántos secretos no estamos listos para interpretar? José Martí es una fuente inagotable. En el encontramos el patriotismo que en ocasiones se metamorfosea con otras carencias y tristezas. Todo en él, es música y razón.

Siempre me he preguntado, cómo es posible que este hombre sin estudiar periodismo, se haya convertido en un sacerdote de la palabra y un soldado de las publicaciones y revistas. En otras circunstancias, frente a otros imperios y con nuevas maneras y soportes de concebir y hacer el periodismo, intento con pasos breves, caminar por la senda que tú labraste; hacer mi propio camino. Poco importan las tribunas o los públicos, Martí: lanzo mi voz en el desierto, en el campo, en el mar, en el aire… ¡Quiero aprender a morir todos los días como tú! Ojala lo consiga.

«No quisiera levantar la mano del papel, como si tuviera la de Vd. en las mías; pero acabo, de miedo de caer en la tentación de poner en palabras cosas que no caben en ellas.»

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