martes, 9 de abril de 2013

No soy un creador, soy un reflejo de la creación que me circunda


Enrique P. Fumero entrevista al pintor Ever Fonseca. Foto: Gabriela María C. Fernández


Enrique Pérez Fumero
enriquep@rect.uo.edu.cu


Ever Fonseca parece un niño adulto, con sus 75 años, y la barba blanca que le cubre toda la cara. De sus manos han salido innumerables formas y colores, y a pesar de haber obtenido el Premio Nacional de Artes Plásticas en 2012, confiesa sentirse atraído como la primera vez, por la belleza de la naturaleza de Cuba y el Caribe. La calidad de muchas de sus obras contrasta con la excesiva modestia de su personalidad.

Lo abordé durante la exposición Drapetomanía, que rinde tributo a Grupo Antillano, un movimiento artístico desarrollado en la isla entre los años 1978 y 1983, el cual Ever también integró. Sus palabras paseaban la gran escala de los grises por causa de la pasión con que hablaba de su generación, sus cuadros y su patria chica.

EPF: ¿Qué recuerda usted de Grupo Antillano? ¿Considera que la defensa de los elementos africanos en la cultura cubana, marcó una tendencia estética en las obras plásticas de los que integraron el movimiento?

EF: Nosotros no constituimos una escuela en el sentido de definir y establecer parámetros estéticos. Nos reunimos para exponer juntos porque teníamos intereses comunes: la geografía, el empeño de buscar la identidad mestiza, y la necesidad de mostrarle al mundo nuestra cultura, aunque también teníamos diferencias porque estudiamos y nos formamos en talleres diferentes. Todos fuimos y somos independientes porque hicimos además varias exposiciones personales. No creo que Grupo Antillano haya propuesto un canon para pintar un paisaje o una obra abstracta. Aquí cada cual pintó lo que quiso y lo que se propuso. 

Ever Fonseca

EPF: ¿Qué elementos dentro de su obra nos permiten apreciar la riqueza de la naturaleza, el imaginario y la cultura antillana?

EF: No creo que haya sido yo el que lo haya vinculado, es mi entorno el que se ha reflejado en mi obra: la flora, la fauna, la gente, las costumbres, la idiosincrasia y nuestra pluralidad cultural donde confluyen tantas culturas del mundo. 

El resultado es el rostro de un hombre cubano o las formas naturales de animales o cosas, que se diferencian por completo de las imágenes del mundo europeo.
 


EPF: ¿Cómo asumió el Premio Nacional de Artes Plásticas en 2012? ¿Cuáles de sus obras cree que hayan influido en este reconocimiento?

EF: El Premio Nacional me sorprendió, pero lo asumí como el reconocimiento al trabajo realizado y la actitud ante la vida. Creo además que tiene que ver mucho con mi origen en este país. Cuando dibujo la naturaleza, no copio el entorno y la belleza de las cosas naturales, trato de asumir la expresión del color para transmitir sentimientos. Mi obra establece un diálogo con la naturaleza. Hay diseños plásticos en las pieles de los majases y en las pieles de algunos insectos que te retan la imaginación. Hay colores que transmiten alegría, otros te hechizan o te asustan y esas expresiones poli cromáticas, son las que trato de comunicar con los demás, sin faltar a la idiosincrasia de esos elementos. Cuando subordinas el color para aparentar algo que no es, ya lo estás traicionando y no lo expresas como verdaderamente es.

EPF: ¿Cuáles símbolos, formas e imágenes le quedan a Ever Fonseca por llevar al lienzo?

EF: No me siento que soy creador, sino que la naturaleza es creadora y que yo la asumo. Constantemente veo nuevas cosas y me maravillo. Esos signos, símbolos, diagramas y modos de mostrar expresiones naturales, es lo que está constantemente cambiando y cambia en mí cuando yo trabajo. Yo soy un reflejo de la creación que me circunda. 

El pintor Ever Fonseca expresa la creación de la naturaleza en su cuadro "Familia en el charco" al fondo. Foto: Gabriela María C. Fernández

No hay comentarios:

Publicar un comentario