sábado, 20 de diciembre de 2014

Navidad Cristocéntrica: para que en la fiesta no falte el cumpleañero


Marisol de la Cruz Tejeda

Si de navidad se trata, los jóvenes somos los primeros para las actividades festivas entre familiares y amigos; la decoración de la casa con arbolitos y guirnaldas; la cena de noche buena y los intercambios de regalos. Próximos al fin de año coqueteamos con esa tendencia de los consumos culturales norteamericanos y europeos, porque también nos encanta comprar, gastar y estrenar. Sin embargo, algunos jóvenes sucumben ante la necesidad de quedarse con lo puramente epidérmico de este tiempo litúrgico. ¿Y qué es más importante al punto de ocupar nuestra atención: la gracia de Dios, o las cosas materiales?

No se trata de vivir enajenados de la realidad cubana. Hoy he intentando recordar cuántas veces, desde que me reconozco como una joven cristiana, he vivido la navidad de una manera peculiar, es decir “cristocéntricamente”. Y descubrí asombrada que al preparar la obra navideña o la gala artística de mi parroquia, rara vez he dedicado un tiempo a la oración sincera con ese Jesús que viene para mí, para ti, y para todos. ¿Qué le gustará más a este niño que vino al mundo en un pesebre sin puertas: un encuentro conmigo, o el arbolito más caro que venden en Enramadas? Por eso intento que esta navidad sea especial para mí y te invito a que vivas diferente esta etapa. Si tienes tiempo para limpiar la casa, intenta dedicar algunos minutos para conversar con Cristo y abrir nuestras puertas a su llegada.

Es hora de que la oración, la conversión, y la acción de gracias sean los principales ingredientes de nuestras celebraciones, y lograr en consecuencia un encuentro donde además de la música, la decoración, y las anécdotas y los chistes, esté el cumpleañero. ¿Cómo es posible celebrar la navidad, sin invitar a Jesús, si bien es su onomástico?

Si estás de acuerdo conmigo, corre y anúncialo, vívelo. La navidad no es la excusa que necesitabas para gastar tus ahorros y renovar el ropero; no es el motivo de un repentino cambio de look; no significa una buena cena. Es el impulso que cada año llega para renovar tu fe; el tiempo en que te regalas a un Jesús que te invita a que nazcas con él para lanzarte a la aventura de cambiar el mundo desde sus propias entrañas: desde ti mismo.

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