lunes, 20 de octubre de 2014

¿Cuba en el ojo de Internet o la Red en el centro del archipiélago?



Claudia González Catalán
-Estudiant de Periodismo-

Internet ha tomado al mundo por asalto. Apenas se estaba acostumbrando el hombre a su realidad de papel, intentando explicarse las cosas, apresar el tiempo, cuando le vendieron otra vida virtual, capaz de conjurar todos sus límites, donde la ley de lo posible es lo que consigas imaginar. El hombre se mudó entonces a su computadora: tiene amigos a los que llama por sus nicknames, parejas a las que ama por sus avatars, orgasmos en códigos binarios, trabajos al otro lado del mundo, discursos políticos de 140 caracteres, presidentes táctiles y países virtuales.

La vida es un juego de relaciones de poder “en-red-adas” y la web puede participar de él en múltiples formas. Y es que, en esencia, todas las relaciones de poder tienen un componente simbólico basado en la producción de sentidos.

En este sentido es necesario resaltar dos nociones fundamentales: la primera está relacionada con la fuerza política de lo que Bordieu definiera como “capital simbólico” y la segunda, tiene que ver con la legitimidad de lo instituido. Es decir, la naturalización del poder y el reconocimiento del mismo por parte de los actores implicados.

Internet entra en este juego cuando se asume su potencial comunicativo como un gran generador de metáforas desde el que se socializa, a escalas crecientes, información sobreabundante y evanescente, se genera consenso y se construyen identidades.

Estamos hablando de “la construcción social de la realidad”, un fenómeno algo más antiguo que la World Wide Web y que modifica en los individuos la representación de la realidad social, incluso de aquella no vivida personalmente.

Una Cuba, muchas Cubas

Hace algunos años, durante una conferencia de prensa en la Universidad de Oriente, Israel Rojas, líder del grupo Buena Fe, remarcaba el hecho de que hoy, un país sin acceso a Internet, es un país condenado al ostracismo.

Actualmente Cuba -como símbolo- mantiene una existencia dual y conflictiva entre su existencia real y virtual. En los predios de la política tradicional, Cuba es un país comprometido con la construcción del socialismo y la solidaridad internacional. En Internet, sin embargo, la imagen de Cuba es construida fundamentalmente desde el exterior, a partir de una nostalgia artificial y ahistórica, que busca despertar la añoranza por “lo que pudo ser” y acentuar los contrastes entre la frugalidad de la apuesta socialista y la opulencia de la Habana bulliciosa y gangsteril.


Mientras Cuba envía, en la vida real, médicos para combatir la epidemia de ébola en África Occidental, personajes como Yoani Sánchez se inventa un motivo para denunciar la represión policial en su país virtual. Para un lector poco informado esta dualidad quizás resulte indescifrable, porque esta batalla que se libra también desde el discurso que establece sutiles diferencias nominales que cambian grandemente el sentido de las cosas.

El caso de Cuba tiene un matiz excepcional, el bloqueo mantenido por Estado Unidos dificulta la ampliación del acceso de la mayoría de los ciudadanos a la red. Las afectaciones de esta política unilateral sobre la esfera de las comunicaciones ascienden a más de 30 millones de dólares. El equilibrio es frágil, entre los sitios que socializan en Internet una imagen de Cuba favorable a los principios de la Revolución y aquellos que se dedican a cuestionarla. 
 
CubaDebate o SoyCuba intentan llenar hoy este espacio al que se suman algunos blogs cuya percepción tampoco es muy clara: para la “Cuba” de las redes, más oficialismo; para las redes de Cuba, unos locos que se atreven a publicar cualquier cosa.

Un caso particularmente interesante por la acumulación de silencios (significativos) a su alrededor fue la polémica generada a fines de 2012 y principios de 2013, a partir de la irregular actualización del blog La Joven Cuba, reconocido como uno de los mejor posicionados de la blogosfera cubana. El blog fue reabierto con una declaración posteada casi exclusivamente para aquellos que contaron las horas de la “censura”, en la que muchas cosas quedaron indefinidas y a cuyos matices permanecieron ajenos la mayor parte de los cubanos.


La noticia se completó con la publicación de una foto de sus tres editores con el Primer Vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros de Cuba Miguel Díaz-Canel Bermúdez. El hecho provocó numerosas lecturas y reacciones sin que ninguna de ellas llegara a esclarecerse completamente. Los bloggers de LJC -aunque no son periodistas-, son hoy algunas de las voces más reconocidas en la red cubana como importantes agentes de la actualización económica, política y social del modelo cubano.

Para algunos de estos jóvenes, Diaz-Canel es el prototipo del dirigente que “ponía la cosa como era” en Las Villas sin creer en escaseces ni eufemismos, el símbolo de la renovación en el escenario político cubano. Su intervención en este altercado fue vista por algunos como una muestra de la flexibilización inminente, la concreción de un discurso -no tan nuevo como tan extendido- que vuelve una y otra vez sobre la necesidad de una práctica comunicativa novedosa, atrevida y exquisita.

Para otros, la publicación de la fotografía servía tanto como símbolo del apoyo ofrecido por la dirección política del país al intento por construir un espacio dialógico en la web cubana, como una metáfora de la necesidad de autorización oficial para ejercer la democracia.

miércoles, 15 de octubre de 2014

El efecto Mariposa en el país de las maravillas





Yánder Castillo Salina
-Estudiante de periodismo-

Nuestros intelectuales más lúcidos siguen advirtiendo en revistas especializadas sobre los peligros de la despolitización para la democracia en un país donde casi todo (por no absolutizar) está politizado.

Mientras, los últimos congresos “arriban” a las mismas conclusiones, se atribuyen errores a problemas descritos hace años y los medios de comunicación son culpados de la “apatía y crisis de valores”, como si pudieran reproducirse por sí mismos. Comisiones de Candidatura “se han extendido” a todos los sectores para garantizar la “legitimidad y representatividad” de los procesos (aunque en algunos no esté regulada en Estatutos, como en la Unión de Escritores y Artistas de Cuba . Y la inflación literaria en tiempos del consumo cultural no institucionalizado hace parecer una paradoja la meta de nación más culta del mundo.

La realidad demuestra la existencia de fórmulas gastadas: traicionaron confiables, se obviaron a capaces pero no confiables (sobre una base irracional para algunos de medir la confiabilidad), son solo dos ejemplos. Todavía existen los que imbuidos en una especia de paranoia crónica suplantaron los arquetipos del 59 por el efecto mariposa, esencia de la teoría del caos y que es esgrimido muchas veces como justificación ante las nuevas ideas y las discrepancias.

Entre tanto, a mi padre, que quiso ser piloto, pero no sabe hacer más que operar una máquina tipográfica, le aterra la idea de la “disponibilidad”. Él, que mantiene una familia numerosa y una casa a medio hacer, afirma “casi perdido la fe en el delegado de la circunscripción y el director de su empresa”. Él, que cree que su país es maravilloso, como le repetía su madre, la cual no aprendió a leer hasta 1962 y que por cierto, no se llamaba Alicia.

Mis amigos, unos médicos por necesidad, otros humanistas por vocación, ya no corren tras el “conejo del hombre nuevo” que conduce al país de las maravillas. Ellos tienen “memorias del subdesarrollo” (no han visto la película de Titón) porque crecieron con un “periodo especial”; y lamentan ocupar plazas técnicas en una biblioteca pueblerina aunque se hayan graduado de Ciencias de la Información y Sociología. Ellos culpan al bloqueo, a la intríngulis del capitalismo, a los tecnócratas, y a veces, cuando la conversación se pone tensa, aparece la agrupación cubana Buena Fe: la culpa no la tiene nadie.


Algunos de mis amigos, que están en contra del “robo de cerebros”, aclaro, ven su autorrealización en otros horizontes. Los demás buscamos la solución en la simbiosis de los viejos arquetipos (olvidados, tergiversados, parcialmente ignorados, no actualizados o no practicados) con la nueva realidad.

Yo no creo en las “causa externas”, por lo menos en su totalidad. Hoy más que nunca se hace necesaria una re-evolución.

Lo ha dicho el presidente Raúl Castro: “dejémonos de hipocresías”, “de falsas unanimidades”. “Tiene que cambiar la mentalidad”.

La inercia no puede constituir más una vía de escape, ni los nuevos horizontes. Transformar es el acto de amor para que Cuba llegue a ser un país de maravillas.